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LUCAS EL EVANGELIO DEL SALVADOR “LEVÁNTATE TU FE TE HA SALVADO”

INTRODUCCIÓN

“La salvación que es solo por fe, no es por una fe que está sola” — R.C. Sproul.

 

Texto: Lucas 17:11-19

Tema: La fe de un samaritano leproso, le permite ser salvado y sanado por Jesús. ¿Cuál fue la naturaleza de la fe que sano al leproso? Es posible reconocer cuatro principios fundamentales en la fe que se describe en el pasaje: (1) Una fe que miró a Jesús (2) Una fe que clamó a Jesús (3) Una fe que obedeció a Jesús y (4) Una fe que agradeció a Jesús.

 

Desarrollo

Vamos a desarrollar el primero de esos principios.

 

  1. Una fe que miró a Jesús. Vv. 11-13
  • En su viaje de camino a Jerusalén. Cuando Jesús pasaba por Samaria y Galilea; ocurrió un evento que Lucas no dudo en registrar en su evangelio. Es un evento que solo se encuentra registrado en este evangelio; pero que no deja de ser absolutamente valioso, para el desarrollo de la fe y mensaje del evangelio.
  • Evidentemente es absolutamente seguro que viaja con sus discípulos, de otro modo jamás se hubiera tenido registro de este hecho por demás extraordinario.
  • Lucas nos dice que cuando estaba por entrar a un pueblo, el no específica de que pueblo se trataba y no parece relevante para la historia. Salieron al encuentro de Jesús diez hombres enfermos de lepra. Es posible que estos leprosos se encontraran en las afueras de la ciudad porque no se les permitía estar dentro, en estos lugares se ubicaban para pedir limosna a los que transitaban por allí.
  • Este grupo de leprosos, era un grupo mixto, es decir, de diferentes nacionalidades. Es posible que hubiese judíos y samaritanos allí. Sin embargo, a causa de su enfermedad se unían compartiendo su desgracia.
  • Los leprosos se quedan a cierta distancia de Jesús porque eso era lo que les exigía la ley. 45 Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará! Inmundo!!! Inmundo! 46 Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada. Levítico 13:45-46
  • No podían acercarse demasiado a las personas para no contagiarlas, por eso estaban fuera de las ciudades. Entonces gritaron -¡Jesús, Maestro…!
  • Esto indica algo muy importante aquí. Estos hombre conocían a Jesús, muy seguramente habían escuchado de Él, sus enseñanzas y milagros. Cuando lo vieron llegar lo reconocieron y por eso lo abordaron. Es muy seguro que al escuchar de Jesús, pensaron que era su única esperanza para ser librados de tan terrible enfermedad. Su confianza estaba puesta en Jesús, miraron a Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe.
  • Una verdad importante para el cristianismo, es que la fe que salva es la fe que mira a Jesús. No la fe en la fe. No la fe en determinado sistema religioso o teológico. La fe que salva es la fe que pone su mirada en Jesús.
  • Pero ¿Por qué Jesús? Es la pregunta que muchas personas se hacen hoy en día. ¿Porque tengo que mirar a Jesús? ¿Por qué tengo que poner mi confianza en Jesús y solo en Jesús? ¿Por qué no puedo mirar hacia “otro salvador”? Bueno, la verdad es que no hay otro salvador. Jesús se constituyo como el “único medio” para llegar al Padre. Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)
  • Hechos 4:12 dice: 12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
  • Por consiguiente el testimonio de la Escritura hace claro que no hay otra persona en la que podamos encontrar salvación, aparte de Jesús. Ahora bien, alguien puede objetar al respecto: Bueno, solo porque la Biblia lo dice ¿Debemos aceptarlo? El hecho fundamental es que no hay fuera de la Biblia una solución objetiva y plausible al problema del pecado tal y como lo plantea la Escritura
  • Por ejemplo Norman Geisler comenta respecto a la salvación en Cristo en contraste con Mahoma el profeta del Islam: El Dios de la Biblia llegó a nosotros de manera especial al enviar a su Hijo a la tierra a morir por nuestros pecados, al  contrario del dios del Islam. Mahoma no ofrece esperanza segura de salvación sino instrucciones para lograr el favor de Ala. Cristo proporcionó con su muerte todo lo que se necesita para llevarnos al cielo.
  • Willian Lane Craig señalo también al respecto: No hay solución para el pecado humano, aparte de la muerte expiatoria de Cristo, está muy claro en el Nuevo Testamento que todas las personas son pecadoras, separadas de Dios y moralmente culpables ante él y que necesitan su perdón. Y la muerte en la cruz es la solución de Dios, para el pecado humano y la separación de Dios. Así que aparte de la cruz de Cristo, sencillamente no hay ninguna provisión para el pecado, expiación y reconciliación del hombre. Ahora ¿Por qué creo que la muerte sacrificial de Cristo es eficaz para el pecado humano? Bien, su resurrección de entre los muertos. El fue crucificado porque decía ser el ungido de Dios, y el héroe del reino de Dios en la historia humana. Y Dios resucitó a Jesús de Nazaret, de la muerte, reivindicando de forma pública e inequívoca, las alegaciones supuestamente blasfemas por las que fue crucificado. Si este hombre ha sido levantado de entre los muertos, entonces el Dios del que se alegó haber sido blasfemado, se comprometió públicamente ante él y reivindicó esas afirmaciones radicales. Y por lo que es en la base de la evidencia de la resurrección, es que podemos creer en la eficacia de la muerte expiatoria de Cristo. Y por eso creo que solo el precio en Cristo es el medio de salvación.
  • Estas afirmaciones de estos defensores de la fe, solo confirman la tesis de la Escritura de Cristo como el único medio de salvación y de nuestra necesidad de poner nuestra mirada en él. Cristo es el iniciador y perfeccionador de nuestra fe. Todos somos y hemos sido como estos leprosos. Tal vez nuestra enfermedad no sea la lepra física, pero si la lepra espiritual.  Nuestra sociedad es una sociedad que se cae a pedazos como un enfermo de lepra y el único que puede salvarla en Cristo, solo si pone su mirada en Cristo. Esa fue la fe que salvó al leproso y puede salvarnos también a nosotros.

Pero además de haber puesto su mirada en Jesús esa fe, fue:

 

  1. Una fe que clamó a Jesús. Vv. 13
  • ¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros! Fue el grito desgarrador de estos diez leprosos. No podían acercarse a Jesús por la condición en la que se encontraban, pero le clamaron de tal forma que lograron la atención de Jesús sobre ellos.
  • Su clamor provenía de su confianza en el Salvador, ellos sabían muy seguramente que en otras oportunidades había sanado y salvado a otros en sus mismas condiciones; así que clamaron con todas sus fuerzas, conscientes de su condición y de su necesidad.
  • Su condición los mantenía separados, lejos de la comunidad, lejos de su familia, lejos de la posibilidad de adorar a Dios en la sinagoga. Lejos de todo. Era una condición desesperante, agobiante, asfixiante y deprimente.
  • Nuestro pecado nos separa de Dios. Nuestro pecado hace que él se cubra la cara y que no nos quiera oír. Nuestro pecado ha formado una barrera entre nosotros y Dios. Isaías 59:1-3: La mano del Señor no es corta para salvar,
    ni es sordo su oído para oír. Son las iniquidades de ustedes
    las que los separan de su Dios. Son estos pecados los que lo llevan
    a ocultar su rostro para no escuchar. Ustedes tienen las manos manchadas de sangre y los dedos manchados de iniquidad. Sus labios dicen mentiras   su lengua murmura maldades.
  • Nuestra maldad como sociedad se ha vuelto desesperante, agobiante, asfixiante y deprimente. Somos una sociedad que necesita reconocer su condición y clamar a Dios por misericordia. Mientras no hagamos eso, seremos vistos con todo y nuestra religiosidad como sepulcros blanqueados y nada más. Es hora de clamar a Dios, es hora de reconocer nuestra condición y pedir perdón a Dios y el escuchará, si ese clamor es sincero y humilde.
  • Santiago 4:8-10 y Romanos 10:13.

Esa fe también fue:

  1. Una fe que obedeció a Jesús. Vv. 14
  • Jesús al verlos y escuchar su clamor, les dijo: -Vayan a presentarse a los sacerdotes. Este es un procedimiento normal después de estar curados. Con base en esto ellos pudieron haber objetado a Jesús que todavía no estaban limpios para hacer tal procedimiento. Sin embargo, tuvieron la fe suficiente para obedecer a Jesús.
  • Lucas nos narra que mientras iban de camino, resultó que quedaron limpios todos o puros.
  • Tuvieron la fe suficiente para reconocer la autoridad de Jesús y hacer lo que Jesús les pedía hacer. La fe que salva tiene que llevarnos a reconocer, no solo nuestra condición, sino la autoridad de Jesús; de tal modo que nos lleve a obedecerle. De otro modo nuestro clamor quedará en una simple y fría creencia intelectual pero nada más. La fe que salva requiere obediencia a su Palabra. No es una fe pasiva, no es una fe muerta. Es una fe que obedece la Palabra del Salvador.
  • Mateo 7:21-22 es un pasaje que hace evidente esa necesidad de una fe obediente. De nada sirve clamar: Señor, Señor, si no hacemos lo que El nos pide, si no hacemos su voluntad.
  • ¡Jamás los conocí, aléjense de mi hacedores de maldad! Son las palabras más terribles y tristes jamás escritas. En verdad, no creo que aquí ninguno de nosotros quiera escuchar jamás esas palabras. Sin embargo tenemos que ser obedientes a su voluntad. Fieles a su Palabra. Juan 8:31-32.

Finalmente, la fe que salvó al samaritano leproso fue:

  1. Una fe que agradeció a Jesús. Vv.15-19
  • Lucas continua diciendo que uno de ellos, al verse ya sano, regresó alabando a Dios a grandes voces. Pero no solo eso, cayó rostro en tierra a los pies de Jesús y le dio las gracias, no obstante que era samaritano.
  • Un samaritano, de quien menos se esperaba. En el grupo de diez leprosos, había judíos evidentemente, pero solo uno, samaritano, regreso a dar gracias y alabar a Dios con profunda gratitud.
  • Jesús pregunta en un tono triste y muy extrañado, si acaso no eran diez los que habían sido limpiados. ¿Dónde están los otros nueve? Preguntó Jesús. ¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero?
  • A pesar de haber sido limpiados y de haber experimentado la misericordia y compasión de Jesús, ninguno de los otros nueve regresaron a dar gloria a Dios. Podemos especular que solo iban por el milagro, es posible, el fruto es evidente.
  • La actitud del samaritano es la actitud de alguien que entiende que su salvación y sanidad en este caso es producto de la inmerecida gracia de Dios y que ahora la razón de ser de su vida es dar gloria a Dios.  “Aquellos que entienden el evangelio más profundamente son los que adoran con la mayor exaltación y regocijo” — John MacArthur.
  • La respuesta de Jesús ante tal acto de adoración es la de la aprobación: Levántate y vete, tu fe te ha salvado. Pero no una fe sola, vacía, sin expectativas, sin contenido: Fue una fe que puso su mirada en el, que clamo a él, que le obedeció y que le expreso su gratitud. Esa es la fe que salva. Nuestra respuesta a la gracia de Dios, es ese tipo de fe y una vida dedicada a honrarle y glorificarle. Una vida llena de gratitud.

 

CONCLUSIÓN

Estos cuatro principios son el ´presupuesto fundamental de la fe que salva. Sin esa fe es imposible agradar a Dios. Sin esa fe es imposible la salvación. La fe que salva, es indiscutiblemente las que nos lleva a mirar a Cristo, clamarle, obedecerle, agradecerle y vivir para honrarle por el resto de nuestras vidas.