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ISAIAS: “UN CANTO DE ALABANZA A LA VERDADERA ADORACIÓN”

INTRODUCCIÓN

“Ahora, la adoración es la joya ausente en el evangelismo moderno. Estamos organizados, trabajamos, tenemos nuestras agendas. Lo tenemos casi todo, pero hay algo que las iglesias, incluso las que siguen el evangelio no tienen: la capacidad de adorar. No cultivamos el arte de la adoración. Es la joya reluciente que le falta a la iglesia moderna, y creo que deberíamos buscarla hasta que la encontremos” A. W Tozer

Texto: Isaías 12

Tema: La adoración como resultado de la salvación, se caracteriza en esta predicción de Isaías, por ser una adoración de naturaleza personal, pero también comunitaria. Se constituye de esta manera como un paradigma de adoración verdadera para el pueblo de Dios de todos los tiempos.

Desarrollo

El pasaje que vamos a estudiar el día de hoy, se divide en dos partes que son fundamentales y que es menester abordar por separado, toda vez, que cada una de las partes presenta verdades que son medulares para la adoración no solo de aquella época, sino para la iglesia contemporánea.

La primera de esas partes es:

1. ¡Señor yo te alabare! La Naturaleza de la adoración individual. Vv. 1-3

· Este capítulo del libro de Isaías es el más corto de todos los 66 capítulos del libro. Es un salmo que se presenta como el epilogo de esta primera parte del libro de Isaías. Sin lugar a dudas, esta descripción de la naturaleza de la verdadera adoración contrasta de forma significativa con el curso que ha tomado la adoración y la alabanza en los últimos años. Lastimosamente, el tema de la adoración contemporánea, no tiene a Dios como su centro. Sutilmente el ser humano ha hecho un intercambio funesto y en lugar de exaltar a Dios en la adoración por todo lo que El es y por todo lo que El hace; y deleitarse en El significativamente. Está usando a Dios en la adoración como un medio para la autocomplacencia y la búsqueda de experiencias emocionales sin ningún norte teológico aparte de la experiencia en sí misma. No está por demás recordar que es Dios quien debe permanecer en el centro de nuestra adoración y alabanza. Es a Dios a quien debemos adorar y exaltar. Y si eso trae gozo y alegría, está bien, solo es el resultado de una alabanza y adoración centrada en Dios y no un fin en sí mismo.

· Después de toda la narrativa predictiva del retoño de Isai. El profeta, refiere un salmo para agradecer por la salvación de la que su pueblo ha sido objeto. Y es un salmo que sin lugar a dudas exalta y engrandece el nombre de Dios y sus obras.

· El salmo comienza con una frase que os conecta directamente con Isaías 11:10-11 En aquel día se alzará la raíz de Isaí como estandarte de los pueblos; hacia él correrán las naciones, y glorioso será el lugar donde repose. 11 En aquel día el Señor volverá a extender su mano para recuperar al remanente de su pueblo, a los que hayan quedado en Asiria, en Egipto, Patros y Cus; en Elam, Sinar y Jamat, y en las regiones más remotas.

· Como señala Motyer al respecto: Las palabras En Aquel día, vinculan el cantico con aquel día en que el nuevo éxodo se superpondrá al antiguo. (Andamio)

· Es evidentemente un pasaje mesiánico, que alude sin ninguna duda a Jesús, la raíz de Isai. Apocalipsis 22:16.

· En ese día, el día al que alude Isaías en su profecía, la adoración personal se dirigirá al Señor. Y lo primero en ser exaltado, además de su excelsa Persona, es el consuelo hacia su pueblo.

· En esta parte del salmo Isaías, se reconoce como pecador, en un texto que se conecta claramente con Isaías 6:5 5 Entonces grité: « ¡Ay de mí, que estoy perdido! Soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios blasfemos, ¡y no obstante mis ojos han visto al Rey, al SEÑOR Todopoderoso!»

· Ante la santidad del Señor, Isaías reconoce su pecado y el hecho de que la ira de Dios sobre él y sobre su pueblo, era justa. Sin embargo, la ira del Señor se ha calmado y el consuelo de Dios sobre Isaías y su pueblo hace su aparición. Después de castigar a Israel, la ira de Dios se dirigirá contra naciones como Asiria y Babilonia. (Biblia de Estudio NVI)

· Al respecto de la ira de Dios, Motyer señala que: La situación básica a la que se enfrenta el pecador es a la ira de un Dios santo. Esta circunstancia no puede remediarse a menos que se aplaque la ira de algina forma, que es lo que la Biblia define como “propiciación”. La reconciliación no consiste en nuestra voluntad de tener a Dios, sino en su voluntad de aceptarnos a nosotros. La noche de la Pascua, el Señor, viniendo en juicio, advirtió de antemano que podría mirar con ecuanimidad a quienes se protegieran con la sangre del cordero (Éxodo 12:12 y ss.) Y en este corto versículo hay una clara descripción del evangelio. Somos salvados de la ira de Dios, por la sangre del Cordero, sin mancha ni pecado, es decir; Cristo Romanos 5:8-11 8 Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. 9 Y ahora que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios! (Pues mucho mas, estando ya justificados en su sangre, por el seremos salvos de la ira RVR) 10 Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida! 11 Y no solo esto, sino que también nos regocijamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, pues gracias a él ya hemos recibido la reconciliación.

· De modo que somos salvos de la ira de Dios, no por nada bueno que el haya visto en nosotros, sino por su gracia y misericordia. Es de Dios la iniciativa de reconciliarnos mediante la muerte de su Hijo. Y es mediante esa muerte que el Señor pone fin a las hostilidades. Lo que nos corresponde a nosotros es

reconocernos como pecadores y necesitados de su gracia y misericordia y responder con fe y arrepentimiento al ofrecimiento de su bondad reconciliadora.

· Es por eso que Isaías procede a reconocer que Dios es su salvación. No lo es el Rey de Asiria, ni el de Egipto. Isaías reconoce lo que no fue capaz de reconocer Acaz el rey de Judá. Dios es la salvación de Israel y la salvación de Isaías.

· Motyer señala al respecto: Se trata de una confianza con un fundamento estable “porque mi fortaleza y mi canción es Jehová”

· Por lo tanto, este pasaje apunta invariablemente al carácter de Dios. Dios es su salvación por quien es Dios. Por eso El es su fuerza y su canción y en virtud de esto no hay temor.

· La lección para nosotros cristianos contemporáneos es la misma. Nuestra confianza debe estar puesta en algo más que nosotros mismos o en un poder externo a nosotros. Nuestra confianza debe estar puesta sobre un fundamento estable, es decir, Dios. De modo que, podamos decir con absoluta certeza que El Señor es mi fuerza, El Señor es mi canción ¡El es mi salvación!

· Hacemos parte de un país en crisis, los dos últimos días en nuestra nación las manifestaciones han puesto en evidencia el descontento, la desconfianza y la desesperanza en un gobierno que no ha sabido interpretar las necesidades del pueblo que gobierna. Sin embargo y a pesar de que somos una nación religiosa por excelencia, nuestra confianza no está puesta en Dios de forma absoluta. Consciente o inconscientemente, estamos buscando refugio y seguridad en algún tipo de gobierno o gobernante que nos salve de la crisis política y social en la que nos e encontramos. Pensamos que la salida es política, que lo que necesitamos es un mejor presidente (una combinación entre John F Kennedy, Jorge Eliecer Gaitán, Nelson Mandela y el Dalai Lama), pero aun cuando tuviéramos un presidente de esas características, estoy seguro que nuestro país no sería diferente, ni nosotros seriamos diferentes a lo que somos hoy día. El problema, es en quien hemos decidido poner nuestra confianza. Hemos decidido poner nuestra confianza en nosotros mismos, en nuestros ideales políticos y en nuestros gobiernos. Estamentos que en sí mismos no poseen un fundamento estable y que de ninguna forma son confiables. Nuestra actitud debe ser como la de Isaías o la de Ezequías. Nuestra confianza y fidelidad deben estar puestas en quien en verdad es el Rey de este Universo, en el carácter de quien en verdad es confiable, en quien sin ligar a dudas vamos a encontrar nuestra Salvación. Porque a la larga se trata de esto, no se trata de nada más. Es como Pablo lo enseña en un pasaje que a todas luces son instrucciones respecto a la adoración. 1 de Timoteo 2:1-8

· Todo, invariablemente todo lo que concierne a nuestra fe, tiene que descansar en el carácter de Dios. La roca en la que nos debemos apoyar indiscutiblemente es en Dios y en nadie más. Si Dios nos dice que debemos orar por nuestros gobernantes, no debe haber la menor duda que la promesa de una vida tranquila y en paz se va a dar en virtud de quien hace la promesa. Es en su carácter en quien debe reposar todo el depósito de nuestra fe.

· De este modo iremos como pueblo, como nación, como iglesia con alegría a sacar agua de las fuentes de la salvación. Pero no será posible si no conocemos la suficiencia de quien provee la salvación y de quien es la fuente de la salvación.

· La fuente de Nuestra Salvación es Cristo como el mismo lo señala en Juan 7:37-38 37 En el último día, el más solemne de la fiesta, Jesús se puso de pie y exclamó: ¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba! 38 De aquel que cree en mí, como dice[a] la Escritura, brotarán ríos de agua viva.

La segunda parte de este texto expone:

2. La Naturaleza de la adoración comunitaria: Alaben al Señor, invoquen su nombre. Vv. 4-6

· Ahora el profeta procede a describir la naturaleza de la adoración comunitaria. El mismo como parte de la comunidad de los salvos, predice el carácter de la adoración a la vez que la hace exhortativa.

· El llamado es a alabar al Señor como comunidad, por causa nuevamente de su salvación. La motivación para la adoración tiene su centro no solo en el carácter de quien es la fuente de su salvación, sino en la obra de la salvación misma.

· La comunidad debe invocar su nombre, lo que significa que Dios se ha dado a conocer por su nombre, es decir, que se ha revelado y ha resumido la revelación en un nombre significativo. Aquellos a quienes se ha revelado, pueden usar ahora ese nombre para acceder a una intimidad de adoración con el Dios que se ha revelado a sí mismo. (Motyer, Andamio).

· La exhortación que sigue es un llamado a dar a conocer entre los pueblos sus obras y a proclamar la grandeza de su nombre. El pueblo que disfruta de su secreta relación con Dios y que en su acción de gracias adora a quien es la fuente de su salvación; debe ahora dar a conocer entre los pueblos no solo sus obras, sino su nombre lo que El es en sí mismo.

· La comunidad de los salvos se animan mutuamente para predicar a un Dios exaltado. (Motyer)

· Nuestra responsabilidad como iglesia está vinculada sin lugar a dudas a nuestra misión como iglesia. Y nuestra misión como iglesia es la de “proclamar a todos los pueblos las obras maravillosas de Dios” 1 de Pedro 2:9-10 9 Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. 10 Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes no habían recibido misericordia, pero ahora ya la han recibido.

· Nuestra finalidad como iglesia, nuestra misión como iglesia, no es otra que proclamar la obra de salvación de nuestro Dios. Así lo estableció el Señor después de su resurrección. Mateo 28:18-20, Marcos 16:15-16; Lucas 22:46-48. Cuando la iglesia, el pueblo de Dios, la Nación Santa, deja de proclamar lo que por misión debe proclamar, deja de adorar y exaltar a quien es la fuente de su salvación.

· La exhortación continua con el imperativo de cantar salmos al Señor porque ha hecho maravillas y nuevamente enfatiza la misión de dar a conocer su obra en toda la tierra. Motyer señala aquí que: No se llama al cantico como expresión de un sentimiento de alegría, sino como respuesta a las obras de Dios. (Andamio)

· No cabe la menor duda que la naturaleza de la alabanza, que su característica fundamental halla su base en el carácter de Dios y en su obra de salvación. Todo el contenido de la alabanza y adoración, las letras de las canciones que cantamos tienen que estar diseñadas para exaltar a Dios y a su obra. No se trata de nosotros. Nuestros anhelos, nuestras ideas, nuestras teologías, no deben ser el insumo para el contenido de las letras de nuestras canciones de adoración y alabanza. Tiene que ser su nombre, su carácter y sus obras de lo contrario ni es adoración, ni es alabanza. Son solo nuestras ambiciones matizadas de adoración y esto de ninguna forma exalta a quien es la fuente de nuestra salvación.

· La declaración del v. 6, debería ser la convicción de la iglesia contemporánea respecto a la naturaleza de la adoración: ¡Canta y grita de alegría, habitante de Sion; realmente es grande en medio de ti, el Santo de Israel. Mucho de lo que somos como cristianos se transformaría significativamente si en verdad el Santo de Israel fuera más grande en medio de nosotros. Mas grande que cualquier otra razón, si la única razón de nuestra adoración fuera el Señor, el Santo de Israel. Nuestro carácter y el carácter de su iglesia seria en realidad completamente diferente.

CONCLUSIÓN

La naturaleza de la verdadera adoración a Dios, no está en lo creativa o novedosa que pueda ser la liturgia en nuestros servicios de adoración. Tampoco radica en lo bello de las letras de las canciones y en lo que los ritmos de esas canciones puedan generar en el sentir de los que adoran. La naturaleza de la verdadera adoración radica invariablemente en la naturaleza de quien es el centro de esa adoración. El nombre de Dios, la Santidad de su carácter y su obra de salvación. El es, en El está la naturaleza de la verdadera adoración.